jueves, 7 de octubre de 2010

VH:. Ramón Martínez Deibe

Por VH:. Jesús M. García

            En el año 1914 explotó la Primera Guerra Mundial en la convulsionada Europa. Los campos productores de remolacha para la elaboración de azúcar se convirtieron, de la noche a la mañana, en campos de batallas. Este incidente bélico motivó que el azúcar se cotizara a precios jamás imaginados, en contraste con otros productos que se matenían bajos.
            Cuba, uno de los principales países productores de azúcar de caña empezó a disfrutar de un esplendor económico, solamente comparado con la fiebre del oro en California o la fiebre del caucho en el Brasil. Bonanza motivada por el sufrimiento de los pueblos europeos envueltos en al conflicto. La desgracia de unos es la suerte de otros, nos dice el refranero popular.
            Este período de riquezas se conoció como “La Danza de los Millones” o las “Vacas Gordas”. Era presidente de Cuba, el VH:. Mario García Menocal.
            Las tierras dedicadas al cultivo de la caña aumentaban extraordinariamente, los centrales azucareros se multiplicaban con la construcción todos los años de nuevos ingenios y cada día había más personas dedicadas al lucrativo negocio del azúcar. Los médicos y los abogados abandonaban sus gabinetes y bufetes para convertirse en hacendados, adquiriendo tierras y sembrando caña. Los macheteros a media mañana de faena obtenían un pago superior a lo que pudiera recibir un profesional por todo un día de labor.
            Este esplendor económico dio a luz una nueva burguesía criolla, como especie de una aristocracia con olor y sabor a sacarosa. En La Habana surgieron nuevos barrios y repartos residenciales y en los mismos la nueva burquesía se hacía construir suntuosas y confortables residencias.
            La Habana se convirtió en un Manao brasileño. En sus centros nocturnos y calles, el lujo, la opulencia y el derroche se dieron cita y se hacían popular como el “modos vivendi” de un pueblo, que aún no había cumplido la mayoría de edad como república. Sin pensar que después de las vacas gordas pudieran venir las vacas flacas y prepararse para esta contingencia económica como hizo el Faraón de Egipto, según el pasaje bíblico.
            Las fábulas del “Dorado Cubano”, se difundieron por el mundo y atrajeron hacia la isla una oleada de emigrantes con el afán de enriquecerse o mejorar sus pobres vidas.
            España, en un tiempo esplendorosa, rica y poderosa, donde en sus territorios nunca se ponía el sol, como dijera un rey, en esos momentos estaba atravezando por un largo y extenso período de decadencia económica y quebrantos sociales y políticos. Situación adversa donde fue sumida por la inaptitud y falta de habilidad política de una serie de monarcas y cortesanos, que aliados y fieles cumplidores de los designios de un Credo fanático y retrógrado llevaron a la Madre Patria a ese desastre. Apartándola, practicamente, de la civilización y el desarrollo.
            De la península llegaba el mayor número de emigrantes, gracias a la gran cantidad de españoles residentes en Cuba, que les brindaban su abrigo y protección.
            Los bisoños y asustadizos españolitos hacían su larga y penosa travesía atlántica hacinados en las bodegas de viejos y desvencijados vapores, como el “Marqués de Comillas” y el “Hollandia”, etc., etc. Al desembarcar en el puerto de La Habana, aún marcados y amodorrados por el largo viaje, mostraban su asombro y perplejidad ante el esplendor y fastuosidad de una ciudad que marchaba a la par en progreso y modernización con las principales orbes del mundo.
            ¡Cuánta diferencia existente entre aquellos españoles emigrantes y los turistas y empresarios españoles que hoy vienen a Cuba. Desbordan de los flamantes y cómodos DC-8 y DC-10 de la Compañía de Aviación Española “Iberia”, relucientes y frescos por la climatización de la nave y ataviados con modernas cámaras fotográficas y de video.
            En Puentedeume, La Coruña, España, residía la familia formada por el Sr. Nicolás Martínez Torres y la Sra. María Deibe Castillo. Poseían una parcela de tierra y de la explotación de la misma alimentaban y atendían la numerosa familia.
            Era natural que en los ratos de ocio y plática familiar el tema de la conversación se centrase sobre el destino de jóvenes de la comarca y parientes que habían emigrado para Cuba. Dentro de la familia Martínez-Deibe se encontraba el joven Ramón, que ilusionado por las noticias que llegaban de la Isla hacia ella quería dirigir sus pasos, en busca de mejoría económica y también safarle el cuerpo al llamado del Servicio Militar (La Quinta).
            Después de la larga travesía a bordo del vapor “Hollandia”, de la Compañía Transatlántica Holandesa, desembarcó en el puerto de La Habana el día 18 del mes de Octubre del año 1920. Tan pronto concluyó su cuarentena en Triscornia se dirigió para Los Palacios, donde tenía un familiar.
            Al arribar a la fértil y hermosa Cuba la situación era muy diferente a años anteriores. Las vacas gordas habían empezado a enflaquecer y siguieron enflaqueciendo apresuradamente. Fue testigo de una serie escalonada de desgracias nacionales, en todos los órdenes que convulcionan a una nación y la más importante: la quiebra de los bancos, conocida como la moratoria, donde hombres que se acostaron ricos,  amanecieron en la pobreza. Desencadenando una ola de suicidios a todo lo largo del país.
            En Los Palacios, primeramente, trabajó en el Central “La Francia”. Posteriormente se vio en la necesidad de realizar dos de las tareas más penosas: cortar caña y hacer carbón vegetal en la costa.Se interesó en aprender el oficio de manejar camiones, oficio que aprendió y lo ejercitó por el resto de su vida.
            En el año 1924 la Logia “Montecristi” comienza su tercera y última etapa de reorganización y la masonería le atrajo su atención. Solicitó iniciación a “Montecristi”, en su período irregular, el día 2 del mes de Diciembre del año 1924 y es iniciado el día 2 del mes de Enero del año 1925. El día 20 del mes de Marzo del propio año es ascendido a Compañero Masón. Ante una difícil situación económica por la que estaba atravezando se ve en la necesidad de abandonar la logia con fecha 21 del mes de Enero del año 1927, en la condición de Compañeso Masón.
            En el año 1927 se traslada para la ciudad de Pinar del Rio a trabajar como chofer de un camión de reparto de mercancias de un almacén de víveres. En el año 1930 nuevamente retorna para Los Palacios y se dedica al negocio del carbón vegetal. El día 11 del mes de Diciembre del año 1937 unen su vida en matrimonio él y la Señorita Antonia (Tona) Moya Cueto y procrean dos hijos: Ramoncito y Martha.
            Con hogar formado y en mejoría económica, solicita afiliación a “Montecristi” y le es concedida con fecha 9 del mes de Septiembre del año 1938. Es exaltado al Sublime Grado de Maestro Masón el día 13 del mes de Enero del año 1939. A partir de ese momento comienza el VH:. Ramón una laboriosa y fraternal vida masónica, interrumpida solamente por su muerte el día 11 del mes de Enero del año 1980.
            En la logia ocupó los cargos de Limosnero en el año 1940, Primer Experto en el año 1941, Segundo Vigilante en el año 1942 y Segundo Experto en el año 1971. Por su labor masónica fue galardonado con el Premio a la Constancia por 25 años en el año 1975 y por 40 años en el año 1979. Hermano que se distinguió por su laboriosidad incesante, honradez, seriedad y constante preocupación por su familia. A su trabajo y solamente su trabajo, se debía su mejoría económica.
            En el año 1948 fue propietario de una camión “Fargo”. Con este vehículo se dedicaba a transportar para La Habana carbón vegetal, tejas y mieles y de los almacenes de La Habana traía mercancias para los comercios minoristas de la provincia, llegando en sus viajes hasta Guane. También poseyó en el Municipio de Los Palacios una finca de dos caballerías: “Las Delicias”.
            El sello con que la provincia de La Coruña marca a sus hijos nunca se borró en él. Siempre se caracterizó por ser un legítimo exponente de esa comarca española. De estatura mediana, cara redonda donde el color de piel europeo estaba presente, ojos azules y bastantes chicos, fuerte y saludable como los toros de su región de orígen.
            De carácter fuerte y a primera vista daba la impresión de ser un hombre soéz, sin embargo poseía un alma noble y generosa. Amante, de vez en cuando, de maldades y chistes, premiándose él mismo con una risita picaresca y burlona. Dentro de sus amores más puros estaba su hija Martha, a quien le decía: “la martica”. Buscando siempre la oportunidad de traerla a conversación y hablar de sus cualidades, ya que para Ramón su hija era como un santuario.
            Todavía se encuentra en la memoria de su pueblo de adopción con su vestimenta de kaki, su gorra y sus discusiones con su hijo Ramoncito y su ayudante el conocido “Mojao”.


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