jueves, 30 de septiembre de 2010

I.H:. Luis Romero Márquez

Por VH:. Jesús Marcos García

               
Dentro del amplio abanico de maravillas que nos presenta la masonería para el mejoramiento de nuestra condición de personas y el disfrute espiritual, está el de ser un medio ideal para establecer una sólida amistad y fecunda fraternidad con hombres virtuosos pertenecientes a sus filas, que en la mayoría de los casos, fuera de ella, hubieran vivido constantemente separados.
                El hombre que le interesa el ordenamiento de su vida socialmente, sabe: que la vida no se limita solamente al nacimiento. Que está en la obligación de buscar en su propia existencia los elementos que le permitan fijar y mantener principios permanentes de conducta y relaciones adecuadas con los demás.
                La masonería, además de enseñarnos a amar, exaltar y defender los valores morales, también nos sirve de vehículo para aumentar nuestras relaciones humanas con hombres, que sin su concurso, pasarían inadvertidos en nuestras vidas por no pertenecer a nuestro entorno social, laboral, familiar y de vecindad.
                Entre las grandes y fructíferas relaciones de amistad y fraternidad, cual rico trofeo ha conquistado “Montecristi” en su bregar masónico para su membresía, se encuentra la mantenida con el IH:. Luis Romero Márquez, Ex-Gran Maestro de la Gran Logia de Cuba.
                Los primeros contactos fraternales de la logia palaceña con el IH:. Romero Márquez fueron a través del VH:. René Nardo Ipsán, durante su veneratura y presencia en la Gran Logia como Gran Segundo Diácono, en la década de los años sesenta.
                El VH:. Fausto A. Rodríguez Echevarría al ocupar el sitial salomónico de “Montecristi” amplió y robusteció estas relaciones. En igual sentido se han proyectado los venerables maestros sucesores.
                Hermano de personalidad distinguida, afable, educado en su trato, servicial y adornado con otras tantas virtudes humanas que hacen de él un legítimo masón y excelente ciudadano. De su profesión médica ha hecho un sacerdocio; prodigando servicios y favores al que lo ha necesitado y estando presente en todo momento su desinterés sin límites. Solamente se ha dejado guiar en su humano proceder por el sentimiento del deber cumplido.
                Muchas son las deudas de gratitud contraídas por los masones palaceños con el hermano Romero. Los hermanos de “Montecristi” nunca podrán olvidar aquellos difíciles años de la década de los setenta, que ante la carencia de especialidades médicas en la provincia, este querido hermano, haciendo uso de sus grandes relaciones, siempre estaba dispuesto a buscar la hospitalización y el especialista requerido para los hermanos de esta logia, sus familiares y, en algunos casos, sus amigos. Durante veinte años le estuvo realizando las instalaciones a “Montecristi”, como también se ha contado con su asidua presencia en los actos aniversarios.
                Nace en la ciudad de Pinar del Rio en el seno de una familia humilde y llena de virtudes ciudadanas. Su padre fue un distinguido masón del cuatro de la Logia “Solano Ramos”.
                En su niñez visitaba Los Palacios. Estas visitas iban dirigidas al hogar de la Señora “Loló” (la conserje). Desde muy temprana edad dio muestras de su inteligencia y el deseo de superación cultural. Contó en todo momento con el respaldo y apoyo de sus padres, sobre todo su abnegada y dulce madre; quienes hicieron grandes sacrificios para que Luisito estudiara y se convirtiera en médico.
                A los 18 años de edad se graduó de Bachiller en Ciencias y Letras en el Instituto de Segunda Enseñanza de la capital pinareña. Ingresa en la Facultad de Medicina de la Universidad de La Habana y se recibe como médico en el año 1959.
                Guiado por su afán de saber y ansias de superación emprende de inmediato la carrera de especialización, graduándose en el año 1961 de Especialista en Diagnósticos Radiológicos.
                Al ejercicio de la profesión de radiólogo ha dedicado su vida laboral y la mayor parte de su existencia. Obteniendo tanto prestigio y reconocimiento en su trabajo profesional, por su dedicación y rigor científico, que lo llevaron a formar parte del claustro de profesores de la Universidad de La Habana.
                A la temprana edad de catorce años comienza su larga y meritoria vida masónica, al ingresar en la Logia Ajefista “Paz y Fraternidad” de Pinar del Río, permaneciendo en ella hasta cumplir su mayoría de edad. En el día 5 del mes de Junio del año 1951 ve la luz masónica en la Resp., Meritísima y Centenaria Logia “Amor Fraternal” de los valles de La Habana. En el mes de Octubre del propio año ascendió al grado de Compañero Masón y la Cámara del Medio de “Amor Fraternal” lo enviste del Sublime Grado de Maestro Masón en el mes de Marzo del año 1953.
                En esta logia, la más antigua del occidente del país, de una ejecutoria ejemplar y brillante historial, ocupó los cargos siguientes: Segundo Diácono en el año 1966, Segundo Vigilante en el año 1967, Primer Vigilante en el año 1968. En pago a su destacada labor y méritos adquiridos en el año 1969 ocupa el cargo de Venerable Maestro de la centenaria logia.
                Perteneció a esa pléyade de hermanos que en los momentos más difíciles que le tocó vivir la masonería cubana en el presente siglo, etapa que estuvo marcada por la incomprensión e intolerancia en el campo ideológico para con nuestra augusta orden, supo luchar tesoneramente para mantener vigente los ideales y postulados masónicos en nuestra patria.
                Como resultado de su fecunda y fraternal actividad masónica, ocupa en el año 1967 la vice-presidencia de la Comisión de Asistencia Social de la Gran Logia; en el año 1968, Presidente de la Comisión de Divulgación y Publicidad y en el año 1970 es nombrado Presidente de la Comisión de Relaciones Fraternales de la Gran Logia.
                En el año 1970 ingresó en la Asociación de Constructores Masones y en el año 1971 pasa a ser miembro de la Meritísima Asociación de Veteranos Masones, donde ocupa el cargo de Orador.
                El nombre de Romero Márquez ya sólo no permanece en el marco de su logia y en la región habanera, sino que traspasa todas las fronteras del territorio nacional y se convierte en una figura masónica nacional.
                Como pago a sus desvelos, su capacidad organizativa, su constancia y su incesante batallar masónico en las Elecciones Generales de la Gran Logia, en el mes de Marzo del año 1971, resulta electo para ocupar el cargo de Diputado Gran Maestro de la Gran Logia de Cuba. Desde cuyo cargo trabaja intensamente en rescate de la estabilidad masónica, que se había quebrantado profundamente motivado por una serie de situaciones adversas que gravitaban desfavorablemente en contra de la masonería.
                Gran parte de los masones cubanos esperaban confiados que el Gran Maestro apoyado en las Elecciones Generales de la Gran Logia en el año 1973, por las principales figuras de la Gran Logia en ese momento, fuera el IH:. Romero Márquez. Por una parte, por ser el Diputado Gran Maestro y corresponderle la nominación, como tradicionalmente se había hecho anteriormente y, por otra parte, en reciprocidad a su magnífico trabajo, popularidad y profesionalismo competente para desempeñar el cargo.
                Fue todo lo contrario. Se actuó con ligereza por parte de los que en ese momento estaban obligados a dar muestras de mesura y no precipitarse pasionalmente en actuaciones que condujeran a la masonería cubana a la desestabilización por el descontento e inconformidad de una gran parte de la membresía. Era de vital importancia el mantener la unidad, preservar los valores fraternales de la institución y no alterar el ritmo de convivencia armoniosa y espiritual de los masones cubanos. El momento así lo exigía.
                El hermano Romero, apoyado y respaldado por una inmensa cantidad de logias y hermanos en todo el país, aspira a la Gran Maestría. Esto trajo por consiguiente momentos muy difíciles y de quebrantos a la masonería cubana. Se desbordaron las pasiones, muchas logias vieron divididas sus filas, al ocupar los hermanos posiciones antagónicas, con los correspondientes enfrentamientos. Tambien se vieron logias afectadas en sus relaciones con otras logias hermanas. En la propia Gran Logia no existió una posición generalizada, al apoyar varios Grandes Funcionarios a Romero Márquez.
                La Logia “Montecristi” desde el primer momento marcó su derrotero a seguir: apoyar al VH:. Luis Romero Márques en sus aspiraciones por considerarlas correctas y justas. Posición que mantuvo inalterable en los años siguientes, hasta que el querido hermano se coronó con el triunfo merecido.
                En las Elecciones Generales de la Gran Logia del año 1973 el IH:. Romero no alcanzó el triunfo deseado. Tenaz y estoico prosiguió en sus aspiraciones y cada día se distinguía por un trabajo fraternal más intenso. Visitaba logias a todo lo largo y ancho del país, impartía conferencias y aumentaba su trabajo filantrópico. En las elecciones del año 1975 tampoco pudo ceñirse en su frente la corona de laurel.
                En las Elecciones Generales del año 1977 recibe el fruto de su incesante batallar, sus desvelos y su fecundo y amoroso trabajo fraternal, es elegido Muy Resp. Gran Maestro de la Gran Logia de Cuba.
                Desde la más alta posición de la masonería cubana, supo darle esplendor a la institución. Mantuvo y defendió con valentía, dignidad y firmeza los principios masónicos y los Antiguos Límites, afrontando con firmeza todas las dificultades que se le presentaron.
                El IH:. Luis Romero Márquez, durante su paso por la Gran Maestría, así como su vida masónica, se ha caracterizado por una constante preocupación por la disciplina logial, la superación integral del masón a través de programas culturales, filosóficos y espirituales.
                Deseando transitar por la masonería filosófica, para ensanchar aún más y pulimentarse en este mundo, ingresa en el mes de Octubre del año 1966 en su filas. Recibiendo de la Masonería Escocesa en el año 1975, como culminación a su fructífero trabajo en el seno de la misma, el Grado 33 que le otorga el Supremo Consejo del Grado 33 para la República de Cuba.
                Por su proyección en su larga vida masónica, que está identificada y avalada por una magnífica conducta, identificación y abnegación, le han valido para que una gran cantidad de logias, en justo reconocimiento, lo hayan nombrado Miembro de Honor de su cuadro.
                La Resp. y Meritoria Logia “Montecristi” le concedió esta condición el día 5 del mes de Marzo del año 1975. En este propio año recibe de la Gran Logia de Cuba el Premio al Mérito Masónico.
                Una personalidad masónica de la magnitud alcanzada por Romero, trasciende las fronteras del ámbito nacional y ocupa espacio internacionalmente. En el mes de Diciembre del año 1982 la Resp. Logia “Máximo Gómez No. 38” de República Dominicana lo nombra Miembro de Honor y el día 24 del mes de Octubre del año 1983, la Gran Logia de la República Dominicana le otorga el Gran Mérito Masónico, recibiendo medalla y diploma.
                En la actualidad es el Gran Representante de la Gran Logia “Valle de México”, ante la Gran Logia de Cuba.
                Los masones cubanos, y muy especialmente los de “Montecristi”, podemos a diario exclamar: “Gracias Masonería, muchas gracias, por servirnos de puente y poder llegar a hombres como Luis Romero Márquez”.

 

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