jueves, 30 de septiembre de 2010

IH:. Facundo P. Díaz Díaz

Por VH:. Jesús Marcos García

                Todos aquellos que dentro del mundo de la masonería tuvimos la dicha de conocer y tratar íntimamente con el IH:. Facundo, jamás se borrará de nuestras mentes aquel masón ejemplar y debemos admitir su amistad e intimidad como un exquisito regalo, ribeteado y adornado con dones espirituales, que la Institución de la Escuadra y el Compás concede a los comprometidos con su causa, para que los hombres de buena voluntad se conozcan y se acerquen entre sí.
                Si en el seno de la masonería fue ejemplo a seguir, en su vida ciudadana también se distinguió como esposo amoroso, padre ejemplarizante y amigo en quien se podía confiar y acudir. Dueño de un porte carismático. Era alto, trigueño y de extremidades bien proporcionadas. Su andar y forma de hablar claramente lo vinculaban con el hombre de tierra adentro.
                En su rostro estaba reflejada la nobleza, ingenuidad, bondad y generosidad del guajiro cubano. Signos inconfundibles que llevan por vida los hombres que nacieron y se criaron en contacto directo con la naturaleza. Muy amante del folklore y costumbres campesinas, sobre todo su prosa. Su niñez y juventud no fue la del niño favorecido por la fortuna de sus padres, sino, más bien, la del que al asomarse a la vida tiene que hacerlo desplegando en toda su amplitud la condición de hombre. En combate directo contra los obstáculos de la vida va puliendo su personalidad, labrándose una posición relevante a la luz de su conducta y constancia.
                Nació el hermano Facundo Primitivo en el Barrio Lajas, Consolación del Sur, Pinar del Río. Trabajó muy rudamente en las distintas faenas agrícolas, hasta que en el año 1935 emigró para La Habana en busca de mejores condiciones de vida. En la capital de la república aprendió el oficio de carpintero, logrando montar una carpintería de gran escala que le proporcionaron grandes mejoras económicas. Se casó en el pueblo de Consolación del Sur, lugar donde residía la novia, con la Señorita Juana María Martínez Ravelo. De esta unión le nacieron 9 hijos, tres varones murieron de días de nacidos. Quedando 3 varones, tres hembras y una hija de crianza.
                Constituído su hogar y encaminada su vida, se interesa por la masonería, solicita su iniciación y el día 22 del mes de Abril del año 1940 es iniciado en la Resp. Logia “Caballeros del Sol”, en los valles de La Habana. Recibe el ascenso el día 23 del mes de Septiembre del propio año y con fecha 1 del mes de Marzo del año 1941 se le otorga el Sublime Grado de Maestro Masón. Al comenzar a dar sus primeros pasos dentro de la logia, lo hace desplegando tanta fraternidad y responsabilidad que en el año 1942 es elegido Primer Experto y en el año 1943 ocupa el cargo de Maestro de Ceremonias. En la primera vigilancia se sienta en el año 1945.
                Por su alto concepto del deber y otras virtudes que lo distinguen, se gana de sus hermanos de logia el respeto, admiración y confianza y lo eligen para ocupar el cargo de Venerable Maestro en el año 1948. Su actuación como Maestro fue tan ejemplar que fue elegido para ocupar esa alta responsabilidad en varios períodos más. En su logia también ocupó los cargos de Orador, Tesorero y Representante ante la Gran Logia. El cargo de Representante lo ocupó por más de 25 años, rindiendo hermosas jornadas en el Parlamento Masónico.
                A la Gran Logia de Cuba llega como miembro de la Comisión de Actos y de Instrucción Masónica y después presidente de la Comisión de Coordinación Funcional. Desempeñó el cargo de Gran Maestro de Ceremonias para el período de los años 1969 a 1971. Sirvió a varios Grandes Maestros como Diputado Gran Maestro de Distrito, cargo que ocupó por varios años. Ingresó en la Meritísima Asociación de Veteranos Masones de Cuba en el mes de Junio del año 1962, habiendo desempeñado en dicha asociación, los cargos de Vice-Decano en el año  1974 y Decano del año 1976 al año 1978.
                Con el propósito de adquirir más conocimientos sobre la masonería y pulimentarse en su filosofía, hacia la Masonería Filosófica dirige sus pasos. Ingresa en la Logia Cápitular “Claudio J. Vermay” de los valles de La Habana y el día 29 del mes de Marzo del año 1953 recibe el Grado 18. El Grado 30 lo obtiene en el Consejo de Caballeros Kadosh “Habana No. 3” y el 32 en el consistorio “Santiago No. 1”. El Supremo Consejo del Grado 33 para la República de Cuba le confiere el Grado 33 el día 12 del mes de Julio del año 1969.
                El IH:. Facundo sabía que la lección principal de la doctrina masónica consiste en demostrar que el hombre posee una fuerza creadora, “capaz de producir lo que debe ser”. Un principio que armonizaba con los fundamentos de su pensamiento y acción: él aportaba a nuestra Institución el ejemplo de su vida.
                La masonería siempre ha mantenido como condición, el principio de selección para escoger sus dirigentes, basándose para ello en los méritos que han puesto en evidencia durante un período, más o menos largo, en su labor masónica y su vida profana.
                No fue ajeno a este proceso la elevación del IH:. Facundo para ocupar la Gran Maestría de la Gran Logia de Cuba en el período del año 1981 al año 1983. Llegó a este altísimo cargo después de un duro bregar por cimentar su personalidad, apoyado en un espíritu de lucha que bullía en su interior. Era hombre acostumbrado a forjarse a si mismo en el duro quehacer de la vida, al golpe crudo del martillo sobre el yunque de la existencia.
                Como Gran Maestro desplegó una ingente labor al frente de los destinos de la Masonería Cubana. Sometió el Gran Templo Nacional Masónico a un intenso trabajo de remodelación. Bajo su Gran Maestría se permitió, por las autoridades cubanas, el participar en eventos masónicos internacionales. Representando a la Masonería Cubana en la reunión de la Confederación Masónica Interamericana celebrada en el año 1982 en Perú, después de veinte años de ausencia de los masones cubanos a esos eventos.
                Buscando una mejor y operativa organización para la masonería, crea su programa de trabajo y en el mismo se contempla la designación de asesores provinciales. Para Asesor Provincial del Gran Maestro en la provincia de Pinar del Rio, designó al VH:. Jesús Marcos García, Venerable Maestro de “Montecristi” y Diputado Gran Maestro de Distrito. La Logia “Montecristi” acuerda apoyar y respaldar a su Maestro en el trabajo de la Asesoría Provincial. Se crea alrededor de él un grupo de hermanos experimentados, que lo secundan y a la vez le sirven de asesores en su trabajo.
                Dentro del programa que le presentó la Asesoría en Pinar del Rio al Gran Maestro Facundo estaba contemplado el celebrar el aniversario de las logias pinareñas con suculentos banquetes. Todas las logias de la región vueltabajera embellecieron sus templos y celebraron sus aniversarios, algunas distantes varios años de la última celebración. El Gran Maestro Facundo estuvo presente en todos los aniversarios, al igual que nutridas comisiones de la Logia “Montecristi”.
                El paso del ciclón “Alberto” por la parte más occidental de la provincia pinareña causó grandes estragos. Inmediatamente el hermano Facundo, acompañado de grandes funcionarios y del Asesor Provincial, se presentó en el pueblo de San Juan y Martínez, uno de los más afectados, y personalmente visitó a los hermanos damnificados. Días después lo hizo el hermano Jesús Marcos García, Asesor Provincial, a Guane, Mantua y otros lugares, acompañado de hermanos de “Montecristi”.
                Meses más tarde un tornado se hizo sentir en Los Palacios, damnificando a algunos hermanos de “Montecristi” y a la viuda del VH:. Jerónimo Martínez, los que recibieron de inmediato el socorro económico del Gran Maestro Facundo Primitivo.
                Sentía un gran amor y admiración por la Logia “Montecristi”, lo que hacía saber en sus discursos como Gran Maestro en otras logias hermanas. Elogiando y poniendo de ejemplo el brillante trabajo de la “Logia de Los Palacios, como él decía, en lugares tan distantes como Guantánamo, Santiago de Cuba y Baracoa. Indujo a su logia “Caballeros del Sol” para que presentara a la Gran Logia la moción en solicitud de la condición de meritoria para “Montecristi”, moción que fue apoyada por más de un centenar de logias. También su Madre Logia presentó moción a la Alta Cámara que se le reconociera a “Montecristi” el día 16 del mes de Abril del año 1906, como fecha de su fundación, donde se hizo un minucioso trabajo de investigación histórica y se comprobó su continuidad.
                Facundo era modesto, laborioso, reflexivo y muy sencillo. Recibía la crítica con respeto y la diatriba con desprecio; porque nació para amar y no para aborrecer. Su imagen física correspondía a su fígura moral y su forma de ser. Siempre era el mismo, lo era cuando llegó a la Gran Maestría, comportándose como un modesto y sencillo miembro de la Institución.
                Aún bulle en nuestras mentes el recuerdo de sus discursos en los aniversarios de las logias pinareñas. En más de una oportunidad, refiriéndose a su vida, le oímos decir: “yo ví  por primera vez un foco eléctrico a los 17 años de edad, montado en un caballito y sin zapatos”. O aquellos finales efusivos, donde exclamaba: “guajiros echen pa ´alante, que si yo llegué, ustedes también pueden llegar”. Terminado su período como Gran Maestro siguió trabajando por la masonería con el mismo entusiasmo creativo. Se dedicó a escribir la vida de los Ex-Grandes Maestros y fue presidente del Museo de la Gran Logia.
                Al comenzar su marcha la Antorcha de la Fraternidad Pinareña, surgida de “Montecristi”, el Gran Maestro IH:. Roberto L. Ferrer Rodríguez lo nombra director del recorrido de la antorcha. Acompañando a éste símbolo masónico por casi todas las logias de Cuba, hasta que la llevó triunfalmente a la recóndita Logia “Honor” de Baracoa.
                En su vida masónica recibió muchos honores, todos merecidos, entre los mismos se destacan: Premios a la Constancia por 25, 40 y 50 años, Premio al Mérito Masónico, Gran Premio al Mérito Andrés Puentes Badell, Miembro de Honor de más de un centenar de logias, Gran Representante de la Gran Logia de la Florida, Diplomas de Reconocimiento y Gratitud de muchas logias hermanas, Miembro de Honor de la Gran Logia de Pernambuco (Brasil), de la Gran Logia del Perú y de la Resp. Logia “Máximo Gómez No. 38”, de República Dominicana. La Gran Logia de República Dominicana le concedió Medalla del Mérito Masónico y la Confederación Masónica Interamericana (CMI), le otorgó Medalla Conmemorativa de la XII Asamblea. La Logia “Montecristi” le concedió la Membresía de Honor y el diploma alusivo a este honor lo mantenía en la sala de su hogar, como testimonio al gran amor y respeto que sentía por este taller.
                Observando, sin apasionamiento, la trayectoría seguida por el IH:. Facundo P. Díaz Díaz en la Masonería de Cuba, nos confirma en el criterio del valor y lo que significa para forjar personalidades relevantes, la fuerza de voluntad y la perseverancia puestas al servicio de las causas nobles.
                Así vivió este hermano, entregado en cuerpo y alma a su amada institución. Falleció el día 30 del mes de Mayo del año 1995. Todo se cumplió como él dijo y dejó escrito en su diario. La muerte le llegó sin que se cumpliera su mayor anhelo: ser investido con la Orden de Benemérito de la Masonería Cubana, condición que para él solicitó, mediante moción, la Resp. y Meritoria Logia “Montecristi” a la Gran Logia. Encontrándose esta moción en el trámite de referendum logial, como es de ley, en el momento de su muerte. El hermano Facundo fue respetado y querido por todos y nunca será olvidado. Siempre será recordado como un “Masón de Siempre”.

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