domingo, 29 de agosto de 2010

Hermanos de "Montecristi"

VH:. Lucilo Díaz Fernández


Por Hno:. Jesús Marcos García

Durante más de cuatro décadas el VH:. Lucilo Díaz Fernández figuró entre las personas más queridas y distinguidas en el Municipio de Los Palacios. Distinción y afectos que supo conquistar por su labor profesional como médico y su proyección espiritual y filantrópica, manifestada de forma positiva en su humano proceder y su desinterés por servir al prójimo.

Natural de Artemisa. Llegó a Los Palacios en el año 1931, tenía 24 años de edad y estaba recién graduado de médico-cirujano. Instaló su consulta en la Calle José Martí, actual Calle 21, esquina a la Calle Serafín García, actual Calle 28, lugar donde, hasta su muerte, vivió el español “Cañita”, que fué para él y su familia como especie de un hada protectora.

En los momentos de su arribo a Los Palacios se sufría de la Depresión Económica del año 1929 y del funesto machadato. En ese mismo año, 11 de Agosto del año 1931, sus ojos contemplaron los cadáveres del General del Ejército Libertador, VH:. Francisco Peraza y Delgado y varios de sus compañeros, que en una carreta fueron trasladados al antiguo Cuartel de la Guardia Rural y sepultados en el cementerio de la localidad.

El anciano general se había levantado en armas contra Machado, al frente de un considerable grupo de hombres, en la zona de la “Loma del Toro”. Su campamento, situado en “Hoyo del Majagual”, fue sorprendido por las fuerzas gubernamentales y él y varios de sus compañeros de armas ultimados a balazos. Este aguerrido general era conocedor de la geografía de la comarca, por ser su centro de operaciones durante la Guerra del año 1895. Peleando, primero, bajos las ordenes del General Bermúdez y después, al ser destituído Bermúdez por excesos cometidos, al frente de la guerrilla.

El VH:. Lucilo nació en el seno de una familia pobre y por su inteligencia y tesón se recibió de médico. En su despedida de duelo, en el Panteón Masónico, el VH:. Arsenio Echevarria expresó: “cuando llegó a este pueblo era sumamente pobre, sus pertenencias personales eran muy pocas. Poseía un solo traje, bastante raído y surcido. La familia Bustillo-Calderón lo había acogido como un hijo y mujeres de esta familia, por la noche, le lavaban y planchaban la ropa a utilizar al siguiente día”.

Por su porte elegante y atractivo, el color de su piel y ojos y su bien configurado rostro, era objeto de atención en el mundo femenino, disfrutando de los favores de muchas mujeres que lo convirtieron en un joven divertido y mujeriego.

El día 6 del mes de Noviembre del año 1936 solicitó iniciación a la Logia “Montecristi”. Uno de sus aplomadores lo fue el VH:. Antonio Valdés Valdés, quien con el estilo conservador y de austeridad que lo caracterizó, sobre la vida privada de Lucilo informaba: “que es algo aficionado a divertirse”. En relación a sus cualidades y méritos conocidos expresaba: “es humanitario dentro de su profesión” y finalmente aconsejaba a la logia: “que si tiene defectos éstos son susceptibles de enmienda”.

El día 20 de Diciembre del año 1936 recibe la iniciación masónica. El día 5 de Febrero del año 1937 es ascendido a Compañero Masón y con fecha 19 de Marzo del propio año 1937 es exaltado al Sublime Grado de Maestro Masón. En los momentos de su iniciación tenía 29 años de edad y estaba soltero. Contrajo matrimonio con una artemiseña, al igual que él, la Señora Clara Díaz y fijó su hogar definitivamente en Los Palacios.

En este pueblo le nacieron y criaron sus cinco hijos, cuatro varones y una hembra: Tilo, Vicente, Carlín, Teresita y Silvio, quienes aún son recordados por sus travesuras infantiles y revolturas juveniles.

Su hogar, que a la vez era su consulta de médico, estaba situado en la Calle Antoio Maceo, actual Calle 23, al lado del Hotel “Soberón”, después Hotel “Fúster” y después “El Palaceño”. En una de las paredes del portal de su vivienda se leía una placa, que decía: Dr. Lucilo Díaz Fernández, Médico-Cirujano. También poseyó una farmacia, muy bien surtida, que se encontraba contigua a su hogar y era atendida por el Señor Humberto Izquierdo, su esposa Clara y varios jóvenes boticarios.

Fue un médico que se destacó por sus profundos conocimientos de la medicina y su arrojo por ampliar sus conocimientos. Su consulta no era solamente para escrutar un paciente, diagnosticar un mal o indicar el tratamiento a seguir, en la misma se resolvían situaciones, a veces difíciles, como extraerle veneno a una envenenada o a un niño que ingirió un producto tóxico (mediante el enjuague estomacal), operaciones quirúrgicas en cirujía menor, curaciones, enyesamientos en fracturas óseas, partos díficiles, etc., etc. Tenía que estar en muy mal estado el paciente para que el Dr. Lucilo Díaz indicara su traslado a un centro hospitalario. Para su mejor trabajo se hizo auxiliar de dos competentes enfermeros, el VH:. Luis Fúster Crespo y el Sr. Salvador Sánchez. En su consulta fue donde existió, por primera vez en Los Palacios, un equipo de Rayos X y sabía interpretar correctamente las fotos de la tecnología radiológica.

Era muy adicto en su función de médico el de utilizar fórmulas, originadas por él, para el tratamiento de distintas enfermedades en sus pacientes. Fue un espiritualista convencido y siempre estaba ávido de penetrar en la inmensidad y misterios de ese mundo, mediante la lectura y asimilación de los principales fundamentos y principios esotéricos, sobre todo el sustentado por los Rosacruces. Con el VH: Arsenio Echevarría, también otro espiritualista, compartía largas horas de estudio y meditación en ese campo.

Aplicaba sus conocimientos espiritualistas y el poder del pensamiento humano en su función de médico. Al consultar un paciente e inquirir de sus dolencias, sus preguntas eran acompañadas de una penetrante mirada, tratando obtener una estrecha relación espiritual entre médico y paciente, además de aplicar una terapia sicológica. Muchas personas incultas, no conocedoras y totalmente profanas de estas profundidades del espíritu humano, lo catalogaban de Médico-Espiritista.

En la sala de su hogar, ante-sala de su consulta, se encontraba en una pared el Juramento Hipocrático. Era un fiel cumplidor a lo exigido en ese juramento. No había hora del día o de la noche, con buen o mal tiempo, que lo fueran a buscar para atender un paciente que no estuviese dispuesto y presto a acudir al llamado del dolor. Para desenvolver sus funciones en la zona rural del municipio, primero se hizo de un caballo y cuando la situación le mejoró, de un “jeep”. Sufriendo, en más de una ocasión, accidentes al visitar enfermos en lugares intrincados y de difícil acceso. En una oportunidad se fracturó una pierna.

Su vida masónica estuvo identificada por su amor a sus hermanos, lealtad para la institución y responsabilidad con la logia. En “Montecristi” ocupó los cargos de Adjunto al Secretario en el año 1938; Primer Vigilante y Presidente de la Comisión de Hacienda en el año 1939; Segundo Vigilante en el año 1941; Presidente de la Comisión de Hacienda en el año 1942. En los años 1944, 1945 y 1946, fue Orador de la logia.

Al experimentar nuestro país en el año 1959 una total transformación en el orden social, político y económico, la dirección de la Logia “Montecristi”, de ese año, quizás con la mejor intención y propósitos masónicos , trataron de vincular la logia con la nueva corriente ideológica. Los hermanos, disidentes de esta corriente y que querían que su logia siguiera fiel a los principios masónicos, llevaron al VH: Lucilo en candidatura para Venerable Maestro en el año 1960 y recibió un triunfo arrollador. Siendo el Maestro de Montecristi en el año 1960.

La política le llamó la atención y fue Alcalde Municipal de Los Palacios del año 1940 al año 1944. Desarrollando una fructífera labor al frente de la Alcaldía. Poseía una pequeña finquita de recreo y descanso situada en el Km., 4 en la carretera al Entronque de Los Palacios. Esta finquita fue escenario de banquetes y mítines políticos. Nunca se jubiló y sirvió como médico hasta que su salud se lo permitió. Falleció a la edad de 65 años, el día 11 de Marzo del año 1972.

La mayor parte de su vida útil transcurrió en Los Palacios, donde se desenvolvió como un ejemplar ciudadano y un legítimo palaceño. Fue un apasionado orador, nos recordamos de sus intervenciones en “Montecristi” y sus despedidas de duelo.

En los días anteriores al día 11 de Marzo del año 1972, días de su gravedad, el pueblo de Los Palacios fue envuelto por un manto de tristeza y congoja al saberse de su irremediable partida al Eterno Oriente. Su pueblo lo lloró y las personas humildes y agradecidas decían, en todas las esquinas: “se murió el médico de los pobres”. Su funeral y sepelio fue una manifestación de duelo popular.

“Qué inmenso fuiste Lucilo Díaz”, en las distintas actividades del ajetreo humano. Tu figura siempre bien recibida y algo alocada, es recordada constantemente por el pueblo al que tanto serviste y por el que tanto te sacrificaste. Dejaste una huella imborrable detrás de tí y si al final todos tenemos que pagar la deuda que contrajimos con el Creador, es mejor así, que siempre seamos recordados por nuestras buenas acciones. Así cumplimos con Dios, con nosotros mismos y con la masonería, al dejar una HUELLA.

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