domingo, 29 de agosto de 2010

Hermanos de "Montecristi"

VH:. Higinio Álvarez Valdés


Por Hno:. Jesús Marcos García

El VH:. Higinio Álvarez durante muchos años de su vida se destacó entre las principales figuras de la entonces Sociedad Palaceña. Incursionó, con éxito, dentro de las tres vertientes principales de una sociedad: lo económico, lo social y lo político.

En lo económico ganó grandes sumas de dinero por su agudeza y perspicacia en los negocios. Si no poseyó una gran fortuna fue debido a su vida algo bohemia y su ligereza en derrochar el dinero, en su afán insaciable de viajar por los confines del mundo.

En lo social era un hombre que estaba al alcance de todos. Su acogedor hogar lo mismo era frecuentado por un acaudalado y encumbrado hombre de negocios, que por un pobre infeliz y algún que otro menesteroso; por un político distinguido y hombres profesionales y de cultura, que por un ignorante e ingenuo campesino. Era un verdadero y legítimo hombre de pueblo.

En lo político también se destacó. Mantuvo estrechas relaciones con importantes figuras del acontecer político de la nación, tanto en lo nacional como en lo provincial. Llegó a ser Alcalde Municipal de Los Palacios.

También durante muchos años fue el Presidente de la Asociación Tabacalera de Los Palacios, utilizando los servicios del VH:. Miguel Díaz Machó, como su secretario.

En su aspecto físico no tenía nada que agradecerle a la Madre Naturaleza. Hombre de mediana estatura, piernas cortas y delgaduchas, vientre bastante pronunciado, cara regordeta con labios gruesos, pelo muy rizado y el color de la piel denunciaba el mezclaje de razas.

Sin embargo, en lo espiritual e intelectual sí tenía que estar muy agradecido de su Creador. Estaba dotado de una gran sensibilidad humana y una bondad infinita. Poseía una inteligencia natural que lo distinguía. Era considerado un filósofo popular. Muchos acudían a él en busca de sus sabios consejos, lo mismo para un negocio que para reparar un quebranto familiar.

Muchos palaceños han de recordar su espaciosa vivienda situada en la Calle Antonio Maceo, actual Calle 23 y principal calle del pueblo. Separada de la Oficina de Correos por un callejón que unía las calles Antoio Maceo y José Martí, actuales Calles 23 y 21. Su casa, de corte colonial y que no contaba con excesos de lujo, tenía un largo portal y poseía los cuartos en el lateral oeste. La sala y el comedor eran de proporciones espaciosas. Estando dotado el comedor de una larga mesa con sus correspondientes taburetes, en atención a la gran cantidad de personas que diariamente almorzaban o comían en ese hogar. Al final de los cuartos estaba situada la cocina y allí siempre se encontraba su hermana Amparo, con su delantal, atendiendo una humeante cafetera, para obsequiar con aromático café las continuas visitas.

Habitaban la casa, conjuntamente con él cuando estaba en Los Palacios, sus hermanas Yoya, Rita y Amparo. Esta última, Amparo, estaba casada con el huraño y bueno de Luis Nardo.

Esta casa fue una de las primeras en poseer televisión en Los Palacios y allí acudían imnumerables personas, representativas de las diferentes capas sociales, a ver este maravilloso invento, donde se combina imagen con sonido.

Cuando regresaba de una gira por países de Europa, Africa, Asia o América, en el amplio portal de su morada se mantenía una peremne tertulia, noche por noche, para escuchar sus interesantes relatos sobre los países visitados. Allí, él, en el centro vestido con una elegante guayabera, como solía hacer, y exhalando la fragancia de un delicado perfume, embelecía al auditorio, por su agradable, amena y locuaz conversación en relatar los usos y costumbres de los países incursionados.

La obra cumbre del laureado escritor colombiano Gabriel García Márquez, es sin lugar a dudas, “Cien Años de Soledad”. En esta novela, el Gabo, utilizando su maravillosa imaginación creativa, le da vida a un pueblo, “Macondo”. Siendo la principal fuente de ingresos de este pueblo el asentamiento de compañías extranjeras, sobre todo norteamericanas, que se dedicaban a la explotación de minerales y al cultivo del banano. También relata, magistralmente, las diferentes corrientes socio-políticas que gravitaban sobre el pueblo de “Macondo” y las luchas protagonizadas por los seguidores de las distintas ideas, para hacer prevalecer la suya. Envolviendo en esta pugna a masones y católicos, liberales y conservadores, etc., etc.

Para este pueblo emigró la familia Buendía y en el seno de esta familia sobresalía, por sus inquietudes sociales y su participación en la vorágine de la política, Don Aureliano Buendía, masón. Convirtiéndose Don Aureliano como especie de un cacique patriarca para la familia y el pueblo. Poseía la familia Buendía en el pueblo de “Macondo” una solariega casona que era constantemente frecuentada por las clases vivas del pueblo y en busca de Don Aureliano, para platicar y discutir sobre los distintos temas creadores de inquietudes.

Las compañías extranjeras abandonaron “Macondo”, al agotarse las fuentes de riqueza y por los continuos disturbios políticos. El pueblo fue privado de su mayor fuente de ingresos, sumiéndose en la miseria. La familia Buendía envejeció y fueron muriendo uno a uno. A Don Aureliano le tocó ser espectador del triste fin del pueblo y su familia. Viejo y achacoso permaneció en la casona, que se desvencijaba lentamente, atesorando los recuerdos de épocas de esplendor, para el pueblo, su familia y él personalmente. Un implacable temporal se desató sobre “Macondo” arrasando con la que otrora fue centro y vida de desenvolvimientos y proyecciones sociales, políticas y económicas: la casona de la Familia Buendía.

Si el afamado escritor Gabriel García Márquez hubiera visitado Los Palacios, podría decirse que se inspiró en el VH:. Higinio Álvarez y su casa para escribir su inmortal novela “Cien Años de Soledad”. ¡Cuánta afinidad y cercanía hay entre ambos, y ambas, a la vez. Ambos fueron envueltos en una especie de situaciones sociales, políticas y económicas y presenciaron el derrumbe de una sociedad, a la que pertenecían y figuraban notablemente!

Después de la muerte del VH:. Higinio y sus hermanas, Amparo fue la última en morir. La casa fue habitada y frecuentada por personas inescrupulosas, alejados totalmente de éticas sociales y culturales. La que entonces fue centro de atención y albergó bajo su techo lo más selecto y destacado de la sociedad palaceña, comenzó a deteriorarse y a desplomarse por partes. El vicio y las malas costumbres se dieron cita entre sus derruídas paredes.

El último morador de la casa, acosado ante un hecho abominable que había cometido, terminó ahorcándose de una viga de la ya casi destruída “Macondo Palaceña”. Durante varios años quedó, como un mudo testigo, el solar donde se erguía. Hoy, en ese lugar se levanta el edificio del Tribunal de Los Palacios. Su recuerdo permanece entre los palaceños que peinan sus canas y algún joven que lea esta crónica.

La Logia “Montecristi” le abre sus puertas al VH:. Higinio el día 4 de Septiembre del año 1925, para concederle la iniciación masónica. Fue ascendido a Compañero Masón el 11 de Diciembre del año 1925 y la Sublime Cámara del Medio lo viste de Maestro Masón en la sesión correspondiente al 12 de Febrero del año 1926. En los momentos de su iniciación contaba con 32 años de edad, estaba soltero y era de profesión comerciante.

Con fecha 1 de Marzo del año 1929 solicita Carta de Retiro, afiliándose nuevamente a “Montecristi” el 12 de Octubre del año 1941. Durante su vida masónica en su logia solamente ocupó los cargos de Presidente de la Comisión de Hacienda en los años 1960 y 1961.

Sus múltiples giras al extranjero y los constantes ajetreos de su vida pública, no le permitieron desarrollar una labor fraternal intensa. No obstante, fue un excelente masón por los continuos servicios prestados a sus hermanos y a la logia. Así como, por su intachable conducta y humano proceder, que enaltecía y glorificaba la Institución Masónica. Su vida se apagó el 12 de Diciembre del año 1961. Contaba al morir 67 años de edad.

Al recordar a este virtuoso palaceño, digno masón y excelente caballero, acuden a mi mente conceptos de la filosofía platónica, en cuanto a la verdadera belleza y digo: “Que Hermoso Fuíste, Hermoso Feo”.

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